¿Qué pasaría si dejamos de vacunar a nuestros hijos?

Pues, según experiencias y estudios en distintos países, parece evidente no sólo que si no fuera por las vacunas las enfermedades no desaparecerían, sino que si se interrumpiera la vacunación reaparecerían.

Así lo vemos en un documento sobre las ideas falsas extendidas sobre la vacunación, que fue elaborado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos principalmente para uso por los facultativos cuyas funciones incluyen la administración de vacunas a niños, y que la Organización Mundial de la Salud reproduce en sus páginas.

Las vacunas son un mecanismo para el control de muchas enfermedades infecciosas que en el pasado eran comunes y hoy no lo son tanto. Sin embargo, los virus y bacterias que causan enfermedades, e incluso la muerte, todavía existen (aunque pueden prevenirse mediante vacunas) y pueden ser transmitidos a aquellas personas que no están protegidas por las vacunas.

La polio, el sarampión, la rubéola, la tosferina, la meningitis tipo b… son enfermedades que hoy tendrían un gran impacto económico y traen como consecuencia consultas médicas, hospitalizaciones y muertes prematuras.

Está claro que los avances higiénico-sanitarios hicieron que en muchos lugares la incidencia de las enfermedades contra las que hoy nos vacunamos descendiera, pero ni mucho menos estaban erradicadas ni controladas, un control que sólo llegó tras las campañas de vacunación masivas.

La globalización actual, la facilidad para viajar, es otra razón que haría que las enfermedades que sí están presentes en otras partes del mundo se trasladaran con facilidad a nuevos ámbitos si la población no está vacunada.

Pongamos un ejemplo más o menos reciente, las grandes epidemias de difteria que se produjeron en la ex Unión Soviética en la década de 1990.

Las bajas tasas de vacunación primaria en niños y la falta de vacunas de refuerzo para adultos dieron lugar a un aumento del número de casos, de 839 casos en 1989 a casi 50.000 casos y 1.700 defunciones en 1994. Se produjeron al menos 20 casos importados en Europa y dos casos en ciudadanos de Estados Unidos que habían trabajado en la ex Unión Soviética.

Los riesgos inherentes a las vacunas, por otro lado, parece que no alcanzan a los de las propias enfermedades que pretenden combatir. En el documento “¿Qué pasaría si suspendemos las campañas de vacunación?”, de los citados Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, concluyen:

Lo cierto es que es mucho más probable que la salud de un niño se vea gravemente afectada por una de estas enfermedades que por cualquier vacuna. Cualquier caso de afección grave o muerte ocasionado por las vacunas es lamentable, pero es evidente que las ventajas de la vacunación superan con creces a sus escasos riesgos y que sin las vacunas se producirían muchas más afecciones y defunciones. Ciertamente, disponer de una intervención médica tan eficaz como la vacunación para la prevención de enfermedades y no utilizarla sería desaprensivo.

También da por pensar, tras estas conclusiones, en lo paradójico que resulta que en este primer mundo nos estemos planteando la posibilidad de dejar de vacunarnos, cuando en otros ámbitos sería tan necesaria la implantación de las vacunas. Una extensión que no llega porque las vacunas sólo alcanzan a quienes las pueden pagar. En ello trabajan muchos organismos de salud y de defensa de la infancia en el mundo, como la OMS o UNICEF.

Fuente: bebesymas.com


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Escrito por en ago 25 2010. Archivado bajo Salud. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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